Pantera Negra quizás no está a la altura del “hype”

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La décimo octava entrada en el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) es la primera en tener como protagonista un superhéroe negro.

Alguno podría verse tentado a corregir este dato recordando a Blade, y sus secuelas, que están basadas en cómics publicados por Marvel. Y es que el híbrido humano-vampiro reconvertido en cazavampiros para proteger y resguardar la seguridad de los seres humanos, fue un notable éxito a finales de la década de 1990

Pero oficialmente el UCM dió comienzo con Iron Man (2008) y desde entonces hemos visto el desarrollo de decenas de personajes en un universo diverso de tecnología, magia, superpoderes y aventura.

En ese sentido, la película “Black Panther” del director Ryan Coogler cambia las reglas del juego. La trama es la siguiente: T’Challa (Chadwick Boseman) es el rey de Wakanda, pero cuando se pone su traje de cuero negro, él es Pantera Negra.

Al ser el preferido del director, Michael B. Jordan tenía que ser elegido para algún papel, así que aquí el actor de 31 años interpreta al villano Erik Killmonger.

Sin lugar a dudas, esta es una película culturalmente importante. Quiere enseñarnos que el mal poder conduce a la opresión, y el buen poder conduce a una “buena opresión”, pero solo si se usa de forma adecuada y respetuosa con la tradición.

Wakanda es, en esencia, una fantasía africana, una en la que el continente puede resistir a los opresores blancos y consecuentemente tiene el poder de construir un imperio alrededor del Vibranium, un recurso natural que es más poderoso que el acero.

Mucha acción, poca emoción

La principal atracción de la película es la introducción a este mundo exótico y desconocido de Marvel. Lástima que la película tenga que volver a lo que produce el dinero, a la acción. Pero la acción escenificada es a veces muy inestable.

Hay muchas peleas en la película, pero la mayoría de las escenas de acción carecen de la iluminación adecuada, lo que hace que algunas de las secuencias más frenéticas sean difíciles de analizar y confusas para discernir. Sabemos que la oscuridad disminuye la complejidad de los efectos generados por computador.

Justamente la pelea final usa gráficos generados por computador sin ningún pudor ni arte, y la física de los movimientos es algo extraña. La historia es muy predecible. Justo al comenzar ya sabes que habrá un enfrentamiento final, con una acción que actuará como catarsis de la película.

Podría resultar satisfactorio que alguna vez, para variar, existiera alguna conclusión dramática, que removiera las emociones del espectador. Pero esto no ocurrirá en ésta clase de películas que se han convertido en un entretenimiento familiar.

En una palabra, predecible

El problema con “Black Panther” es que no sorprende. Casi todo lo que espera que suceda sucede. No hay nada memorable, ningún momento que haga que te duela el pecho.

Esta es una narración directa de una historia que en originalmente en papel no lo era tanto. El material en el que se basó Coogler fueron los comics más recientes de “Black Panther” de Ta-Nehisi Coates y decir que su mensaje ha sido diluidos para el entretenimiento masivo sería quedarse corto.

Los cómics de Coates estaban firmemente arraigados en el futurismo africano y tenían una influencia de Shakespeare en cuanto a alcance y tono.

Lo que obtenemos en cambio en la película de Coogler son las luchas internas de una monarquía que trata de mantener el poder basándose en un respeto a la tradición.

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